I hurt myself today
To see if I still feel
I focus on the pain
The only thing that’s real
The needle tears a hole
The old familiar sting
Try to kill it all away
But I remember everything

[Chorus:]
What have I become
My sweetest friend
Everyone I know goes away
In the end
And you could have it all
My empire of dirt
I will let you down
I will make you hurt

I wear this crown of thorns
Upon my liar’s chair
Full of broken thoughts
I cannot repair
Beneath the stains of time
The feelings disappear
You are someone else
I am still right here

[Chorus:]
What have I become
My sweetest friend
Everyone I know goes away
In the end
And you could have it all
My empire of dirt
I will let you down
I will make you hurt

If I could start again
A million miles away
I would keep myself
I would find a way

Sabina dijo en una ocasión que el mejor estado anímico para poder crear, para desarrollar el talento y la belleza sublime de un artista, no era ni la felicidad, ni la tristeza, ni las drogas…era la melancolía. La melancolía te envuelte en ese halo denso y misterioso que te hace entrecerrar los ojos como si fuera una niebla que puede dañarte a la vista, te hace suspirar profundamente y anhelar aquello que no tienes.

La música, esta demostrado, influye en nuestro estado anímico. Algo referido al ritmo, las endorfinas, etc… Pero por subjetivo que sea todo esto uno no puede evitar el hacer un alto en el camino, dejar a un lado la coña, la arrogancia y la sobervia, incluso la irreberencia, para poder admirar la mas cruda belleza.

El tiempo pasa, y al final solo nos queda hacer recuento del camino andado, las decisiones tomadas, los pecados cometidos, el daño infringido (y sufrido). Desprecio ante los logros conseguidos que, pese a ser envidiados por otros, para uno no significan nada. Ese inconformismo por no llegar aun mas allá de donde te lo propusiste un día. El tener que admitir, en el silencio de tu conciencia, que eres responsable de todo cuanto has hecho, y no hecho, y de no estar seguro de poder hacer lo correcto si te dieran la oportunidad de volver a la misma situación.

Tanto nos importa el final que a veces nos olvidamos del presente. Tanto nos preocupamos por hacer todo bien que lo hacemos mal. Tanto tememos perder que acabamos tirandolo. Tanto hablar y tan poco actuar. Tanto querer y no poder. Tanto “por que sí”. Tanto conformismo. Tanto tanto.

Aquí no hay moraleja. O quizás sí. Quizás sea lo de menos…o no

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