Pertenezco a una época equivocada. Yo tendría que haber nacido en el Renacimiento y haber estado al cuidado de un Mecenas. No lo siento por mí, lo siento por el Mundo, por las generaciones venideras, y por todos vosotros: vais a perderos las obras maestras que nunca llegaré a crear.

Siempre he sentido admiración por Leonardo Da Vinci, el hombre más polifacético de la historia. Al igual que él, yo me propuse “saber un poco de cada cosa”. Claro que él lo sabía todo sobre todo…así que era tontería intentar emularle de ninguna manera.

No. Con quien verdaderamente me he sentido identificado (y sigo haciéndolo) es con Miguel Ángel. No me entendáis mal, ni he esculpido un David ni pintado una Capilla Sixtina. Me veo afectado por su maldición. ¿Que cuál era? No os preocupéis, yo os la cuento.

El papa nosequien (no es relevante para la historia) le encargó a Miguel Angel una capilla, una serie de estatuas (se especula que unas 40), lo que es un mosaico de esculturas que compusieran una escena, como un cuadro viviente (compuesto por figuras talladas claramente; podríamos llamarlo incluso un cuadro en 3d). La figura principal de la obra resultó ser el Moisés que veis más arriba. Se dice que cuando Miguel Angel terminó de esculpirlo, loco de ira, lo golpeó con su martillo y le gritó: “¡¿Por qué no hablas?!”

Había llegado a la cúspide de su talento y, en ese momento, se enfrentaba a un problema mucho mayor que cualquier otro que hubiera conocido en su carrera: no tenía tiempo para terminar su obra. Era tal el nivel de perfección que imponía a cada una de sus creaciones que, literalmente, no tendría tiempo en su vida para poder terminar todo lo que tenía planeado. Finalmente aquella capilla redujo su número de mosaicos y esculturas en dos terceras partes (inexplicablemente le retiraron los fondos para poder seguir trabajando); y la obra que Miguel Angel había dibujado en su cabeza nunca llegó a realizarse.

Pues bien, yo estoy aquejado por la misma maldición. No tengo tiempo para poder crear todo aquello que soy capaz de imaginar. Escribo relatos fantásticos, de intriga, de terror. Escribo poesía. Dibujo. Pero no puedo dedicarle el tiempo ni el ímpetu suficiente.

Y por si fuera poco, estoy a las puertas de terminar un proyecto, El Proyecto. La obra de toda mi vida, en la que más empeño, sudor, e ilusión he puesto jamás. La creación por la que me defino y por la que vivo. Un Juego de Rol. Todo un Universo, con su historia, su geografía, su cosmología…todo un entorno preparado para sumergir al jugador en un mundo fantástico y sin límites. Si me pongo a contar los años que he dedicado a éste libro, este juego, tendría que usar los dedos de los pies porque con lo de las manos me faltan.

Hay tanto esfuerzo en éste proyecto, tantas correcciones, tanto mimo, que sólo nos bastará la calificación de Obra Maestra y, al igual que el Moisés de Miguel Angel, aunque consiga serlo sólo será una ínfima parte del Mundo que querría crear y que no podré por falta de tiempo.

Tal vez de igual si se consigue o no. Tal vez de igual si se alcanzan los sueños mientras puedas perseguirlos. Tal vez sean consuelos para perdedores. A quien le importa. Los sueños sueños son.

 

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